Pigmentos de origen animal en acuarela: carmín, sepia y negro marfil (y sus alternativas veganas)
- Aletheia Acuarelas
- hace 2 horas
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Damos por hecho que una acuarela es agua, goma y color. Y en su mayor parte lo es. Pero algunos de los colores más clásicos y bonitos de la historia de la acuarela esconden un origen incómodo: vienen de animales. No de forma anecdótica, sino como ingrediente principal.
Si te estás pasando a un material vegano o simplemente quieres saber qué llevas en la paleta, hay tres sospechosos que conviene conocer bien: el carmín, la sepia y el negro marfil/hueso (el más común). Vamos a ver de dónde salen de verdad y, sobre todo, qué usar en su lugar sin perder ni un ápice de color.
Y empezamos por lo más útil de todo el artículo.
El truco: aprende a leer el código de pigmento
Esto es lo único que necesitas saber para no volver a comprar a ciegas.
El nombre comercial de un color (“Carmín”, “Sepia”, “Negro Marfil”) es marketing. No te dice qué hay dentro. Un tubo que ponga “Carmín” puede ser carmín auténtico de insecto… o una imitación hecha con pigmentos sintéticos. Con el nombre no lo sabes.
Lo que sí te lo dice es el código de pigmento: una combinación de letras y números que las marcas serias imprimen en la etiqueta o en la caja. Funciona así:
PR = Pigment Red (rojo)
PB = Pigment Blue (azul)
PY = Pigment Yellow (amarillo)
PBk = Pigment Black (negro)
PBr = Pigment Brown (marrón)
NR = Natural Red (rojo de origen natural)
Ese código es el DNI real del color. Aprende a buscarlo y tendrás el poder de saber exactamente qué compras, seas vegana o no. Los tres pigmentos animales de este artículo se delatan por su código. Vamos con ellos.
1. Carmín (NR4): el rojo hecho de insectos
El carmín auténtico se obtiene de la cochinilla, un pequeño insecto (Dactylopius coccus) que vive sobre las palas del nopal. Se recogen las hembras, se secan, se muelen y de ahí se extrae el ácido carmínico, responsable de ese rojo carmesí profundo tan característico.
Tiene una historia curiosa y muy nuestra: durante siglos la cochinilla fue un tesoro comercial, tan valioso por peso que llegó a rivalizar con la plata, y la Corona española tuvo su monopolio. Todavía hoy se sigue produciendo en las Islas Canarias.
Su código es NR4 (Natural Red 4). Si lo ves en una etiqueta, es carmín de insecto.
Y aquí viene un dato técnico que interesa incluso a quien le dé igual el tema vegano: el carmín es fugitivo. Es decir, se destiñe con la luz. Esa preciosidad que pintas hoy puede apagarse en unos años. Así que renunciar a él no es solo una cuestión ética; también es cambiar a algo que dura más.
El truco de la etiqueta: muchas marcas venden un color llamado “Carmín” que en realidad es una imitación con pigmentos sintéticos. Comprueba el código. Si pone NR4, es de insecto. Si pone un PR (rojo sintético), es vegano.
Alternativa vegana: los rojos y magentas de quinacridona como el PR3 o el PR122 dan ese mismo carmesí luminoso y transparente, pero son muchísimo más resistentes a la luz. Ganas por todos lados. → Aquí tienes nuestro carmesí vegano, con el que sustituimos al carmín sin renunciar a la intensidad.

2. Sepia: la tinta del calamar
La sepia debe su nombre y su origen a la tinta del calamar y la sepia. Ese marrón oscuro y cálido tan usado para dibujar y para paisajes viene, tradicionalmente, del saco de tinta del molusco. Los griegos y romanos ya lo usaban.
Aquí hay un matiz importante que te ahorra sustos: hoy la mayoría de las “sepias” del mercado son mezclas de pigmentos modernos, sintéticos o minerales, y muchas ya son veganas. La buena noticia.
La mala: no todas. Algunas marcas siguen fabricando su Sepia metiéndole negro de hueso (ese PBk9 del que hablamos en el siguiente punto). Así que “Sepia” no es sinónimo de vegano ni de no vegano: depende de la marca. Otra vez, mira el código.
Alternativa vegana: la sepia es de las más fáciles de replicar. Una mezcla de tierra sombra tostada (PBr7) con un negro vegano, o los marrones basados en óxidos de hierro tipo Van Dyck, te dan ese mismo tono cálido y profundo. → Nuestra sepia vegana está aquí, formulada solo con pigmentos minerales y sintéticos.
3. Negro marfil (PBk9): el negro hecho de huesos
Este es el más sorprendente para mucha gente.
El negro marfil se llamaba así porque originalmente se hacía calcinando marfil de verdad. Eso hoy está prohibido en la mayoría de países. Pero el color no desapareció: simplemente cambió de fuente. El “Negro Marfil” que compras hoy se fabrica calcinando huesos de animales, normalmente de vacuno, como subproducto de la industria cárnica.
Su código es PBk9. Y es un pigmento escurridizo, porque se esconde en sitios donde no lo esperas:
En muchos grises de Payne y grises neutros, que llevan PBk9 en la mezcla.
En algunas sepias, como decíamos arriba.
Incluso en marcas que por lo demás son veganas: es habitual que toda su gama sea apta… menos el negro marfil.
Como color, es un negro cálido, que granula bonito y tiñe con suavidad. Nada que no puedas conseguir de otra forma.
Alternativas veganas: hay negros vegetales y minerales de sobra:
Negro humo / Lamp Black (PBk6), de hollín de carbono.
Negro carbón / Carbon Black (PBk7).
Negro de Marte / Mars Black (PBk11), un óxido de hierro sintético, opaco y con buena granulación.
O el clásico truco de mezclarte tu propio negro: azul ultramar + tierra sombra tostada da un negro precioso, vivo y totalmente vegano.
→ Este es nuestro negro vegano, sin ningún ingrediente de origen animal.
Otros sospechosos habituales
El carmín, la sepia y el negro marfil son los tres grandes, pero no están solos:
Amarillo indio: históricamente se obtenía de la orina de vacas alimentadas solo con hojas de mango. Hoy se fabrica de forma sintética, aunque conviene comprobarlo según la marca.
Negro de hueso, sanguina y algunos tierras pueden tener orígenes o mezclas animales según el fabricante.
Y ojo, porque el pigmento es solo la mitad de la historia. Una acuarela puede llevar pigmentos veganos y aun así no ser vegana por culpa del aglutinante (miel, hiel de buey), del papel (encolado con gelatina animal) o de los pinceles (pelo de marta o ardilla). Lo contamos en detalle en nuestra guía sobre acuarelas veganas.
En Aletheia no vas a encontrar ninguno de estos
Lo decimos con orgullo: en toda nuestra gama no hay carmín de insecto, ni sepia de calamar, ni negro de hueso. Ni un solo pigmento de origen animal, ni un solo ingrediente animal en la receta. No es una línea “apta” dentro de un catálogo más grande: es toda la marca, por diseño.
Y no es un sacrificio de color. En la mayoría de los casos, las alternativas veganas son más resistentes a la luz que los pigmentos animales que sustituyen. Consigues el mismo carmesí, la misma sepia cálida y el mismo negro profundo, pero sin que se destiñan y sin que ningún animal forme parte de la ecuación.
Fotografia de UBUinvestiga.

Cómo comprobarlo
Antes de tu próxima compra, en cualquier marca:
Busca el código de pigmento en la etiqueta o la caja. Si no aparece por ningún lado, desconfía.
Evita NR4 (carmín de cochinilla) y PBk9 (negro de hueso).
Mira con lupa las sepias, los grises de Payne y los grises neutros: son los escondites favoritos del PBk9.
Ante la duda, pregunta a la marca. Una marca que fabrica de forma ética no tendrá ningún problema en contártelo. Nosotras las primeras.
Pintar en acuarela ya es bonito de por sí. Que además puedas hacerlo sabiendo exactamente qué hay en tu paleta y que nada de ello venga de un animal lo hace todavía mejor.
En Aletheia hacemos acuarelas artesanales, veganas y a mano en Sevilla. Si quieres empezar a construir una paleta 100% libre de origen animal, echa un vistazo a nuestros colores.
Gracias por leer esta entrada de blog. <3







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